Las tres esposas del pastor

Por @Ruddy Carrera.           

Era la víspera del verano del 2009. Todos estábamos exhaustos por el calor. Pero nos consolaba una leve brisa, que soplaba de los manglares cercanos. Nos preparábamos para salir en la madrugada, en la camionera que nos llevaría hasta la Bahía. Donde el pastor, nos estaría esperando en una lancha; para llevarnos a la playa de los pescadores. Allí estaba su iglesia. Y nuestro plan, consistía en ayudarlo en la nueva iglesia, que él había iniciado; para ministrarle a los pescadores.

Esta la historia, de una de mis mayores experiencias misioneras.

Para proteger la identidad de nuestro principal personaje, he omitido las imágenes, y los nombres.

¿Pensaste que este es el tema de un cuento? No. Es una historia real. Y yo estuve ahí, y la descubrí. Y tuvo un gran impacto en mi fe y en mi vida ministerial.

Cuando empecé mis exploraciones como misionero. Cierto creyente de mi iglesia, me comunicó que un pastor, que también estaba empezando, una iglesia en la provincia. Y estaba solicitando nuestro apoyo; en la evangelización, y en la capacitación ministerial.

Oramos. Y pensamos que era una buena idea. Como yo también conocía al pastor, no hice ningún cuestionamiento.

Entonces, promovimos un viaje misionero exploratorio, entre varios creyentes de diversas denominaciones. Yo lideraría el equipo.

Montamos el proyecto. Y llegamos al lugar. Era una playa, donde solo vivían pescadores.

El pastor era un hombre joven, de menos de 50 años. Él mismo nos recibió en la primera playa, y nos transportó en su lancha.

Como era pescador, nos dijo que Dios lo había movido a iniciar una iglesia, donde pudiera ministrarle a sus compañeros.

El calor allí era abrazador. Los pescadores vivían en chozas improvisadas, y reguladas por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos naturales. La gente era muy amable, y hospitalarias.

Cuando llegamos, cada uno fuimos asignados en diferentes casas.

Las mayorías trabajaban en el día. De modo que cada mañana, orábamos y ayunábamos en el templo improvisado.

En la tarde, salíamos a hablar con la gente. Y en la noche, hacíamos un culto en la playa.  Donde la gente venía a escuchar al predicador.

Los predicadores eran dos jóvenes, que habían sido rescatados, del mundo de las drogas. Eran hombres dispuestos, a salvar a otros. Eran aún nuevos en la fe.

Luego del servicio. El pastor nos invitaba a su casa, donde comíamos toda clase de mariscos.

La segunda noche, el predicador del culto, estaba exhibiendo una bala, que le habían extraído del pecho. Él afirmaba que Dios lo había librado de la muerte, para hacerlo su instrumento. Todos aplaudíamos, y se sentía un buen ambiente aquella noche. Un grupo de pescadores fueron salvos.

Cuando me iba a mi cama. Se nos acercaron unos pescadores, a mí y a uno de mis compañeros. Y nos dijeron que nos iban a decir algo muy importante. Algo que estaba ocurriendo en la iglesia. Y que todos en la aldea sabían, pero que nadie se atrevía a enfrentar.

Entonces, entramos a la choza y allí, lo escuchamos todo.

Los hombres, nos habían afirmado que el pastor tenía tres esposas.

Yo casi grité ¿Tres esposas?

Al día siguiente, oramos. Y no le informamos nada al resto del equipo, hasta verificar que la historia fuera cierta.

En la tarde nos acercamos a algunos hombres viejos, que ya empezábamos a tomarles afecto. Quisimos escuchar su parecer del rumor, y ellos acertaron.

Entonces, pensamos que ya era tiempo, de comunicarle lo que estaba ocurriendo al equipo.

Todos estábamos desbastados.

Fuimos a ver al pastor. Y él no negó nada. Al contrario, se mostró conforme con sus acciones. Y él mismo trató de calmarnos.

Nos dijo, que él tenía una esposa con él en la playa aquella; porque mientras trabajaba allí, necesitaba una mujer que cuidara de él. Que tenía su primera esposa en la ciudad, porque tenía que ir allí, a vender sus mercancías. Y cuando estaba en la ciudad necesitaba alguien que cuidara de él. Y que tenía la otra en otro pueblo, en la carretera principal.  Porque cuando pasaba por allí, solía quedarse varios días, haciendo arreglos de su trabajo. Y mientras tanto, necesitaría de una mujer.

Nosotros no creíamos lo que escuchábamos. Pero todo eso estaba sucediendo, en esa playa calurosa. En un verano. Tome mi Biblia, y leí 1 Timoteo 3:2.

Así que el obispo debe ser intachable, esposo de una sola mujer, moderado, sensato, respetable, hospitalario, capaz de enseñar.

Tratamos de explicarle que significa esto. Pero no vimos arrepentimiento, ni tristeza alguna en él. Solo se justificaba.

Entonces, pensamos que no debíamos quedarnos allí ni un día más.

Preguntamos a los que sabían, sobre la ruta a pies. No teníamos mapa; pero nos aseguraron que no iba a ser difícil volver a nuestras casas.

Dormimos 2 horas. Y partimos a nuestros hogares a pies. Caminamos casi 6 horas, por un estrecho camino pedregoso.

Llamamos a nuestro contacto, de la camioneta; que vino y nos recogió a un punto cercano.

Esa misma noche. El país fue devastado por una tormenta. No teníamos comunicación en aquella Playa, y no sabíamos sobre la tormenta. Luego supimos que algunos murieron en la Playa. Entonces, me di cuenta que el esfuerzo misionero no fue en vano. Esa gente escuchó el mensaje de salvación.

Una semana después, intenté reagrupar el equipo. Pero los dos predicadores, que eran nuevos en la fe, no soportaron el mal testimonio del pastor, y se separaron de la iglesia.

Aunque años después se reconciliaron, y ambos sirven en el ministerio de la predicación.

Esta es mi historia del pastor que tenía tres esposas.

Mi plan no es crear un análisis teológico, ni filosófico sobre tal tipo de acción.

Pero, esto me recuerda lo que le escribió el apóstol Pablo en 1 Timoteo 5:22.

No te apresures a imponerle las manos a nadie, no sea que te hagas cómplice de pecados ajenos. Consérvate puro.

Debemos tener cuenta, a quien estamos reconociendo como pastor.